¿Cuál es tu máscara?

¿Cuál es tu máscara?

Hace unos días “Núria”, (nombre ficticio), una alumna de primero de bachillerato, andaba entre clase y clase con una cara tan larga, tan larga, que casi se la pisaba. Anduvo toda la hora con la mirada perdida. Una mirada huidiza, apenas miraba la pizarra. Después de pensarlo varias veces me acerqué, y le pregunté si todo iba bien. Me contestó que sí. Aun así, su lenguaje no verbal me decía todo lo contrario. No quise investigar, al fin y al cabo no es asunto mío. Los adolescentes a veces pasan por malas rachas, y es mejor dejarlos a su aire. Con frecuencia al cabo de unas horas vuelven a estar como siempre.

Al día siguiente al entrar en clase instintivamente la busqué y con desilusión comprobé que volvía a estar igual, pero su cara había crecido algo más. Me las ingenié para acercarme de forma discreta y le pregunté. Núria, ¿Cómo estás hoy?

Su respuesta fue demoledora. Me miró con ojos llenos de inquietud y me dijo:
– Profe, prefiero que no preguntes…
– De acuerdo. No pretendo saber de tu vida más de lo necesario, pero hace unos días que en mi clase no estás como siempre. Sea como fuere, entiendo que no quieras explicármelo, estás en tu derecho.
– Profe, no te preocupes, no es por ti.
– Ningún problema, si en algún momento te apetece hablar ya sabes.

Tres días después “Núria” me comentaba al finalizar una clase que últimamente no se gustaba mucho. Le contesté de la forma más amable que pude: “Bienvenida al club, la mayoría de las personas somos así de burras”.

Me preguntó si a mí me pasaba algo parecido. Le dije que en ocasiones no me miraba al espejo y que apenas existían fotos de mi época adolescente. Le dije que durante un tiempo me invadió una suerte de melancolía que no sabría como explicar. Que ahora me arrepentía de no haber querido hacerme más fotos. Ahora era consciente de que ser guapo o feo, es algo importante, pero no lo más importante. Me dijo que ella no se sentía guapa, pero tampoco fea y que le daba rabia sentir que nunca iba a ser una chica que destacara. A lo cual le contesté que yo seguramente no destacaba en nada y que esta podía ser mi principal virtud.

Hablamos de alguna idea más. Hablamos de las armaduras, de las máscaras, de las defensas que todos interponemos porque nos da miedo que nos vean tal y cómo somos en realidad. Son temas personales, tanto de “Núria” como míos. Le pregunté si podía hablar de ella en el bloc de Inventtia, a lo cual me respondió de forma afirmativa. Los dos entendimos que, por ahora, darle muchas vueltas a estos temas no vale la pena puesto que casi todo el mundo, y más todavía ella, con un poco de “plancha y pintura”, con un poco de Photoshop, y sobre todo, con una mirada suya, una de estas que lanza cuando disfruta en la clase de matemáticas, podría mover el mundo. Hay que decir que “Núria” tiene unos ojos profundos, plenos de magnetismo. Son ojos de otro mundo.

Cómo os podréis imaginar no me creyó. Le dije que conocía un video que podría demostrarle como puede cambiar la gente con un poco de creatividad. Y que no tiene que pensar demasiado en estas cosas puesto que hoy en día, aunque parezca el contrario, no todo es fachada. Me dijo que la fachada es importante, y le di la razón, pero a la vez le demostré que hay cosas más importantes. Además la fachada no perdura por siempre jamás, y pocas personas tienen su inteligencia. Y esto es lo realmente importante. Lo que hay después de la máscara.

Si “Núria” protagonizara este vídeo los resultados serían mucho más espectaculares. Ella brilla con luz propia, no necesita luces artificiales. Os lo puedo asegurar.

Y a vosotros, ¿qué os parece todo esto? ¿Cuál es vuestra máscara?