Mi primer recuerdo del colegio

Mi primer recuerdo del colegio

Corría el año 1975. Recuerdo una mesa enorme con unos bancos, en cada uno de estos bancos había 3 niños sentados. Miré a mi alrededor: Se husmeaba el miedo y se sentía el silencio. Un niño sentado a mi lado evitaba el contacto visual con el resto de compañeros. Las niñas estaban en otra clase. Miré al techo. Una luz me cegó. Aprendí que los fluorescentes de aquella clase eran demasiado luminosos para mis pupilas de niño curioso.

Cuando recobré la visión miré a un niño que tenía delante. Estaba cabizbajo. El niño era pequeño, quiero decir que era más pequeño que yo, y tenía el pelo tieso, corto y moreno. Su cabeza era grande en relación a su cuerpo, pero no era desproporcionado de ninguna forma. Violando la norma del silencio y sobreponiéndome a mi miedo, le pregunté cual era su nombre.
El niño levantó su cabeza y me miró con unos ojos vivos y penetrantes que me escrutaban detrás de unas enormes gafas de pasta. Llevaba un parche en su ojo derecho. Su mirada era la de un tipo inteligente y locuaz. Parecía un pirata triste. Aún así no se atrevió a hablarme. Supongo que, o era más listo o tenía todavía más miedo que yo.
Algún tiempo más tarde pude compartir más mesas con él y pude disfrutar de su compañía. Entonces ya no me hizo falta preguntarle su nombre. Me enseñó muchas cosas, pues siempre fue un tipo inteligente, y si os soy sincero, desconozco qué hará ahora, pero estoy seguro que tendrá entre manos algo interesante. Alguien me dijo que se había metido en política. Pero de esto hace unos años.

Recuerdo como si fuera ayer que ante mi insistencia a querer comunicarme con alguien, ya sabéis soy un ser sociable, la señorita Elena, mi primera maestra, me dijo que era mejor no hablar de momento. Años más tarde me confesó que odiaba tener a los niños en silencio y que el primer día era complicado para todos, incluida ella. Recuerdo que mi primer día en el ejército (sí, yo fui de los últimos a hacer “la mili”) no lo pasé tan mal. Malditos métodos de la escuela franquista. Maldita miseria pedagógica. En aquella escuela me pegaron y me castigaron en alguna ocasión para ser un “charlatán”. Esto le decían a mi madre: “Su hijo es un niño muy inteligente, lástima que sea tan charlatana”…

Recuerdo que adoraba a la señorita Elena, mi primera maestra; todos la adorábamos. Ella nunca ni me pegó ni me castigó. Los castigos llegaron a partir de primero de EGB. Recuerdo que era toda una “maggiorata” de ojos marrones, boca grande, con un bellísimo pelo castaño largo y liso. Recuerdo que era todo el contrario a la señorita Pili, la señorita de la otra clase, la de las niñas, que era un alambre con el pelo moreno y ondulado. Ambas acostumbraban a tener una palabra amable, y aunque gastaban malas pulgas si te pasabas de la raya, lo cual era normal en muchos de nosotros pues teníamos 4 años, eran de lo mejorcito del aciago colegio. Fue la señorita Elena quién me enseñó a leer y, a pesar de que no me enseñó a disfrutar de la lectura, eso no pasó hasta el instituto, bendito instituto, le estaré agradecido toda mi vida.

Por cierto, el niño se llamaba Santiago. Siempre lo admiré en la EGB. Pintaba unos murales y unos dibujos que aún hoy yo no sería capaz de hacer. Siempre sospeché que recibía ayuda, pero yo no los haría ni con ayuda. ¡Cómo lo envidiaba! Y yo con mis dibujos de niño de P4. No sé dibujar, nunca he sabido, y le cogí tanto odio a la visual y plástica que evito dibujar todavía. Con la Física y Química me pasa un poco el mismo, pero no me niego a aprenderlas. Con el dibujo reconozco que no puedo. Me sobrepasa. Lo mío son las relaciones sociales, asesorar a personas, dar clase, la tutoría, el coaching, y quizás alguna cosas más, pero dibujar definitivamente no. En fin, a veces me pregunto cuántas personas son seres frustrados en los actuales centros educativos de hoy en día. Espero que no tantos como mi escuela de EGB. Algún día, con un café por delante, si os apetece os puedo hablar de mi primer recuerdo del instituto. Un mundo mucho más amable y productivo.
Y vosotros, cuál es vuestro primer recuerdo del colegio?