Pregunta por qué antes de actuar

Pregunta por qué antes de actuar

 

Cuando uno está seguro de algo no se plantea que puede estar equivocado. O al menos no se plantea que cualquier idea  se puede formular desde diferentes puntos de vista.

Las personas creemos saber de lo que estamos hablando cuando respondemos una pregunta. En ocasiones tenemos la certeza absoluta de que nuestras palabras construyen una argumentación sólida. Una retahíla de indicaciones, a nuestro juicio certeras, que provocan la satisfacción de nuestro interlocutor. O como mínimo la comprensión de unos hechos o conceptos lo más objetivos posible. Esto suele ocurrir con frecuencia en un aula de secundaria, en casa con los hijos, a menudo con la pareja, y a veces en reuniones de trabajo o de amigos.

Pero, ¿es cierto esto que acabamos de decir? ¿Sabemos a ciencia cierta que quieren saber nuestros interlocutores? ¿Interpretamos de forma correcta el sentido de cualquier cuestión? ¿Cómo sé que estoy dando en el centro de la diana? ¿He formulado las preguntas adecuadas?

En general no solemos analizar los posibles desencuentros de la comunicación. A veces decimos las cosas que nos vienen a la mente sin darnos cuenta de que se está produciendo un mal entendido. O cuando nos damos cuenta ya es tarde. En esos momentos puede darse la circunstancia de que ya tengamos un conflicto en ciernes, o una posible malinterpretación. Esto en si mismo no es negativo, pero implica que nuestras ideas no han llegado a nuestro interlocutor con el sentido deseado por una de las partes.

A título de ejemplo os proponemos la siguiente situación: ¿Cuántas veces hemos dado un consejo y nos sentimos realmente bien por haber ayudado a un amigo o amiga diciéndole lo que debe hacer en una situación determinada? Dejadnos que os hagamos otra pregunta: ¿Cuántas veces nos habían pedido ese consejo? ¿Realmente hemos ayudado a nuestro amigo? ¿Le hemos dejado decir todo lo que quería decir? O mejor aún, ¿realmente le hemos escuchado atentamente?

Para evitar un malentendido lo que debemos hacer  es preguntar, siempre que nos sea posible, por qué se quiere saber algo. De esta forma confirmaremos el enfoque que se nos está solicitando cuando alguien nos hace una pregunta. Con ello reduciremos la probabilidad de generar alguna confusión en nuestro diálogo.

Fijaros en el video, es interesante a la par que divertido ver las caras de la madre y la expresión de la hija. El lenguaje no verbal es pura delicia, os lo aseguramos.

Ahora que ya habéis visto el audiovisual, ¿qué podéis decir al respecto?

Recordad la regla de oro: Observa, pregunta, y, si hace falta, actúa.