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21 Dic 2014

Vida anodina en el planeta Alpha

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Nuestro profesor creativo ha vuelto. Esta vez ha propuesto un juego a su alumnado pidiéndoles crear una historia ambientada en un futuro relativamente lejano. En una hora trabajando en un aula de Inventtia esto es lo que él ha inventado. ¿Qué crearán los alumnos? ¿Activarán la mente? Seguro que sí.

Vida anodina a “α”

Llueve en Neo-Tokyo. Y yo aquí sin ropa adecuada. La lluvia ácida se me comerá. Suerte que traigo las botes “all-weather”. ¿Dónde se habrá metido la grúa? ¡Hace diez minutos que la he pedido! Cuando llegue espero que se disculpen los del seguro. Si no lo hacen redactaré una reclamación y la enviaré a la central. Que vayan preparándose estos de la empresa de reciclaje de naves averiadas. ¿Qué se habrán pensado, que porque tarden un cuarto de hora pienso comprarme una nave nueva? ¡Qué cara!

Hace siete minutos que tendria que haber llegado a Neo-Tokyo y dos minutos que tendría que estar a Neo-BCN. Hoy mi hija se quedará sin jugar su partido semanal de baloncesto sin gravedad, o como ella dice, “G-less-Baloncesto”.

Y ahora que pienso… ¿Cómo demonios hemos podido llegar hasta aquí? ¿Tanta cultura y robótica para esperar como hacían mis ancestros? ¿En qué mundo vivimos? Recuerdo las palabras de mi abuelo cuando me explicaba que él alucinó al sentarse en el primer coche que funcionaba sin conductor. En aquel momento aquello supuso una auténtica revolución. Poder desplazarse además de 100 km/hora sin tener que conducir. Según decía él, hubo uno antes y un después. Ahora conducir es un lujo al alcance de unos pocos privilegiados. Para aprender a conducir tienes que pasar unos tests psicotécnicos muy exigentes. Además hay que tener unos estudios universitarios previos. Cómo si la Universidad la regalaran. Si no demuestras que eres una persona muy inteligente y sobre todo bastante equilibrada no te dejan conducir. ¡Bah! Y quien quiere conducir… Es más fácil que las naves te traigan de un lugar al otro sin pararte a pensar en nada del otro jueves. De Neo-BCN a Neo-Tokyo tardo 2 minutos, 10456 km en dos minutos, así de sencillo. ¿Qué diría mi abuelo? De Neo-Tokyo a Neo-Sidney 1 minuto y 40 segundos, distancia 7826 km. A estas velocidades quien quiere conducir. ¡Sólo un sonado lo haría!

Llevo exactamente 14 minutos esperando. Dios mío, son dos eternidades! ¡Mi hija debe de estar desesperada! En 14 minutos podría dar la vuelta en el mundo casi dos veces. Y eso que mi nave ya tiene una edad. Los nuevos modelos multiplican su velocidad por cinco y son capaces de ir de un rincón al otro del planeta en un abrir y cerrar de ojos. Y es que la Tierra se quedó pequeña ya hace años. Aún así nadie quiere irse de aquí…

Cuando era pequeño mi abuelo siempre me decía que el hombre llegaría a la felicidad en el momento que pudiera ir al espacio exterior cómo quién va a comprar el diario. Yo no sabía que era el diario. En mi mente de niño aparecían todo tipo de artículos tecnológicos de ultimísima generación. Me veía a mí mismo recibiendo el premio Nobel gracias a la patente del último diario acabado de inventar. Un día le pregunté y después de reirse un buen rato me dijo: -Ven, que te lo enseñaré.

Me enseñó un fajo de papeles un poco arrugados y me dijo que aquello era uno de los pasatiempos de su juventud. Según él, los diarios le habían proporcionado bastantes satisfacciones y los había aprendido a leer de manera correcta en el instituto. Yo no entendía nada. Entonces le preguntaba qué era el instituto y él me decía que su colegio, donde conoció a la abuela. Y así sucesivamente un día y otro. Mi abuelo era genial, para él todo era un juego de adivinanzas.

A lo que iba que me lío, mi abuelo decía que el hombre sólo sería feliz yendo a la última frontera, yendo donde siempre había anhelado ir, al espacio exterior, donde poder descubrir nuevos mundos. Según él, hacía demasiado tiempo que el hombre añoraba los tiempos de Cristóbal Colón o de Marco Polo. El problema era que la Tierra se había quedado pequeña en un santiamén por obra y gracia de los GPS y los auténticos pioneros ya no podían aguantar más la, según ellos afirmaban: “Vida anodina en el planeta α”. Qué paradoja: El ser humano se ahogaba en la atmósfera terrestre.

Ahora bien, ¿de que sirve tener automatismos a diestro y siniestro si cuando mi lanzadora no funciona ve a saber por qué, tengo que estar esperando más de 15 minutos aquí plantado? Definitivamente mi hija hoy se llevará un disgusto. Como mínimo la he podido avisar…Si mi mujer estuviera aquí habría puesto la nave en funcionamiento en un abrir y cerrar de ojos, y yo no estaría hablando de todo esto. Pero hoy le toca clase de violín y cualquiera le dice que no vaya después de la morterada que se dejó en el maldito violín. A veces pienso que está más pendiente de las cuatro cuerdas del trozo de madera aquel que de la niña y de mí. Yo no sé tocar. Como mucho silbo y poca cosa más. Trabajar con las manos nunca se me ha dado bien. Lo mío es filosofar. O si no decidme cómo se puede esperar 18 minutos a una maldita grúa sin perder los estribos.

Aprovecharé para encargar el vuelo hacia Titán. Hace tiempo que me apetece un crucero. Ya no recuerdo la última vez que vi el cinturón de asteroides. Se que mi mujer no lo aprobará. Tiene razón. Ya fuimos de viaje de novios. Además, tenemos que ahorrar por los estudios de la niña, que ya tiene 16 años. De aquí nada nos tendremos que hipotecar para enviarla a la universidad. ¡Y es que la niña tiene tela! No podría estudiar económicas como su padre, no. Ella tiene que estudiar biología interestelar. ¡Hay que joderse! Que te tienes que ir a Urano a estudiarla la interestelar y allá cobran una pasta por el alojamiento y el mantenimiento del vestido a prueba de ultravioletas! Pero la niña emperrada, muy segura y entusiasmada, y de aquí no la sacas. En esto es igual que mi abuelo. Me veo comiendo lentejas durante una buena temporada para pagarle sólo la residencia de estudiantes. ¿Y después qué? ¡Bióloga “de la muerte”! Y a hacer cola al servicio de ocupación interplanetario, igual que su madre, que es filóloga. ¡Madre mía! 20 minutos y la grúa no aparece en ninguna parte. Y ahora como le explico yo esto a mi mujer…

Y tú, ¿tienes ya tu historia a punto? ¿Te animas a compartirla con nosotros? Si te apetece la podemos publicar…

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